De camiones y gasolina
Evaristo salía por la puerta de su casa, tras recoger la notita que su mujer le puso encima del teléfono… “aguacates, tomate, cebolla, dulces para el niño, comida del gato, espaguetis, … “ una lista interminable de cositas para ir tirando. El día había sido jodido en el trabajo, pero la mujer hoy lo tenía aún peor –los claustros, ya se sabe…- Entonces cogió el Volkswagen aparcado en el callejón sin salida de enfrente del bloque y se encaminó al centro comercial.
Cuando giraba la rotonda del aparcamiento del supermercado, se encendió el piloto y aprovechó para echarle algo de gasolina al tanque, para ir tirando. Casi un Euro y medio el litro. “Madre mía”, espetó Evaristo y echó un billete de diez. Listo el trámite, aparcó y miró de reojo, acaso temiendo que la famosa lucecita emergería de nuevo, como carcajeándose de su inversión petrolífera.
El centro comercial estaba lleno de personas y vacía de géneros. Pero encontró tomates y cebolla, a bastante más precio que la gasolina… Jamás paseó tan poco Evaristo por las calles innecesarias del hiper, buscando caprichos. Como también hacía tiempo que no iba con calculadora en mano. “Como cuando el Euro, mire usted”, dijo sonriendo a una mujer cuando ésta le observó entre sorprendida, admirada y envidiosa, al contemplar que cargaba con esa inteligente máquina.
En la caja, tras varios minutos de cola, ocurrió lo que temía… “Quíteme una botella de Coca Cola de las dos, y aparte usted los yogures”. Así y sólo así pudo pagar con los 40 euros que le quedaron tras echarle plancton al cochecito de las narices…
Regresó, tras un soberano atasco de camiones y furgones, a casa, y subió las bolsas por el ascensor. Depositó los elementos en cada sitio y saludó a la mujer, que veía la televisión esperando la llegada de Evaristo.
- Cariño, qué tal, hay que ver la que tienen liada los transportistas en la autovía. No dejan ni llenar las gasolineras. Por lo visto protestan por el precio del carburante… y la cosa es que es verdad, es cuestión de actuar.
- Sí. Pero dime una cosa, Ángeles, ¿soy yo quién pone el precio?

TERTVLIÖ dijo
La eterna pregunta que se hace el que padece las protestas de los que padecen los motivos.
P.S. Y la respuesta, cada cual la suya.
16 Junio 2008 | 12:58 PM