Fuiste tú, Granada
No sé si mereces azotes, o tajarte las dos montañas que filtran el Darro, para que nunca más te veas desde lo alto. Quizás esto último sería muy cruel. Pero verdaderamente tus luces alienígenamente blancas sobre las cales mundanas son las que me hacen volver a este coso de la escritura.
El adoquín serio y en su papel, inamovible tras siglos, imperturbable por los perros que le mean; la pared muerta que expiró, lapidaria, una pintada; el gélido runrún del arroyo Darro, en donde los gatos ronronean mirando al paseo... Los felinos de Granada elevan su cuello para mostrar al Mundo que son muertos ya en el Paraíso. Que paseando por la tierra de
Tú fuiste, Granada, una vez más, quien despertó mi amor por el blanco papel, hasta no sé cuándo. Fueron tus jardines aleatorios, y los farolitos de Rubik de
Puerta del Vino, Palacio del quinto Carlos, iglesia de
Fuiste Granada tú, con tus ciclópeos palacios y casuchas pendientes de un hilo. Con tu frío artificial de los muros encarnados del Palacio y el calor de la calle Oficios; de la muchedumbre informe de plaza Nueva y la fantasmagórica quedada de Ánimas en el mirador de San Nicolás, de madrugada alta. Fuiste tú Granada una vez más, y no te quiero gastar. Pero la culpa es tuya y por eso, algún día, sí, está decidido, tajaré la montaña del Albayzín y eliminaré la de

Almu dijo
Sus surpiros, entre farolas y adoquines mojados.
24 Abril 2008 | 11:38 AM