El próximo 24 nace Dios. Lo hace en un portal y no en un palacete; es un Bebé cuya madre ha sufrido los dolores de un parto humano y mundano. Sin epidural. Ha parido todo el peso de la Humanidad concentrado en las blandas roscas de un cuerpo de chiquitín, y depositado en una cuna bastante cutre. Y ahora, ¿dónde están esos cristianos que reclaman más sencillez a su Credo? ¿dónde los que no paran de despotricar clamando al cielo para que la Iglesia se despoje de tanta riqueza? Comprando los Papa Noeles de sus hijos; reservando langostas para la cena; y sus hijos, buscando plan para después de la tediosa ‘cena familiar’.
La hipocresía es un don. No de Dios, desde luego, pero es un don. Admiro a quién es capaz de despojarse del compromiso cristiano, apoyado en unas carencias que, antes que nadie ni nada, hace gala él mismo.
En la monición previa a la Misa del Gallo, se hace un poético repaso por el estado del orbe cuando Jesús nació: “Estando todo el Mundo en paz…” dice, nació el Mesías. Pero está visto que el Señor no hace ascos. La Tierra es un gran Belén lleno de puertas cerradas, incluidas las posadas, en donde nadie admite que Cristo nazca en sus casas. Por eso, un año más, el mayor deseo que tengo para estas Navidades es que mi hogar sea un pesebre.
Y es que, me repugna entre cristianos, oír eso tan manido de “a mí las Navidades no me gustan” o “Me producen tristeza” o “Lo celebro por los niños, si no, sería para mí un entierro de tercera”.
Al margen de niveles de compromiso cristiano, la Navidad, como la Semana Santa, son la base de la Fe, por no osar a decir la esencia. Es algo que tenía que llenar, de alegría en un caso, de recogimiento en otro, a todo cristiano, por muy poco comprometido que se jactase.
Es sano, lógico y humano, recordar con lágrimas a quien falta. Pero conviene detenerse… Si precisamente existe esa alteración del ánimo (mucho más que en Noviembre, mes de Difuntos), es porque algo grande se adviene. A nadie le recuerda su familiar difunto un escaparate lleno de árboles de luces, ni bolsas de El Corte Inglés pululando. Lo que nos recuerda a ellos es el hueco que dejan en la mesa de Nochebuena. Pero, hombre de poca Fe, para ver a quienes faltan, sólo hay que dirigir los ojos al Belén. Allí están los nuestros, junto a aquel adorable Niño: el abuelo, la abuela, la madre, el padre. Incluso el hijo. Feliz y pacífica Navidad. Dios con Nosotros, un año más y por siempre.

servido por tambucho
5 comentarios
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hilera dijo
Hasta los ratones, cuando está Dios de por medio, dejan de ser signo de miseria... Me encanta, ojalá hubiera más que pensaran como tú :)
Feliz Natividad del Señor!
16 Diciembre 2007 | 11:56 PM