A Tertvlio

A veces; siempre, buscar el Consuelo en unos ojos es inútil. Es más, los ojos son las flechas que señalan el puerto en donde la confortación atraca, a manera del final de un viaje que no tiene lado bueno ni malo.

Y es que el Consuelo siempre es el epílogo de cada historia, historia amarga siempre. Un intento de sazonar la hiel, casi siempre con éxito; lo que nos demuestra que bebemos y comemos más con la mente que con el paladar.

Por eso no tiene ojos. El Consuelo no es representable en unas pupilas estáticas, como si fuese un hito hacia donde acudir, sino en las pupilas de quien lo busca. Cuando se halla, nos damos cuenta de que el Consuelo no es más que un espejo en donde el alma carea sus culpas en un proyecto de purgatorio bajo palio lobulado.

San Francisco de Asís llamó a María ‘Palacio de Dios’. En la noche del Jueves el Palacio se viste de negro y recorre las calles de Almería, encerrado en sí mismo. Solsticio de amargor y pena; eclipse de Lunas llenas en la rambla de Alfareros.

Septiembre tendrá otro Jueves Santo gracias al Encuentro Nacional de Cofradías, que este año (vigésima edición) tendrá lugar en la Mediterránea Ciudad: el espejo de Finisterre, Almería. De cara a la clausura de dicho Encuentro, la Agrupación de Hermandades ha puesto sus ojos en la Virgen del Consuelo: la Dolorosa orante cuya voz jamás oiremos porque es la primera boca cerrada del Silencio. La tensión de sus manos cerradas contraerán los varales en su procesión extraordinaria por las calles almerienses.

Aunque falten los capirotes blancos recortados en paredes sombrías; aunque la toquilla no esté en los hombros por el relente de una madrugá inminente; pese a que la Redención no se haga ver delante, sino que irá implícita, la historia será la misma. La Virgen de ojos y manos cerradas, enlutada, la Dama de Almería, volverá a recortar su silueta elemental como una sombra chinesca y caprichosa, esbozada al azar del recién nacido otoño de la ciudad. Porque necesitaban los meses del resto del año ver para creer: un espejo en donde buscar el Consuelo, que en Almería no tiene ojos. Como Dios manda.