Tiene huevos la cosa. La expresión es ramplona pero ilustrativa, y es que si los tiene, qué le vamos a hacer.

Ahora, última noticia -aunque todo está por cambiar-, los 'populares' no se unen a la manifestación. Una pena, porque los 'socialistas obreros' le habían cambiado el lema de la pancarta y todo para que ambos fuesen contentos en la cabecera manteniendo el plotter de 12 metros de ancho. Qué detalle. Y es que, quién diría que ha terminado la Navidad.

Me cuesta creer que una cualidad más se haya instalado en la clase política: a la incompetencia, el inmovilismo, la demagogia, la mentira y la dejadez de funciones, se une ahora el pandilleo. Ríete tú de los Latin King al lado de los Rajoy Boys. Está claro que como oposición se ganarán un sueldo, y debe haber miedo por perderlo, por eso se oponen por sistema a todo, incluso a lo que ellos proponen o sugieren. El problema podría ser una anécdota si no existiese la disciplina de partido entre todos sus votantes, algo que está por ver. Si se diese este caso de obediencia, creo que el Papado tendría derecho a denunciar al Partido Popular por allanamiento de morada, morada de conciencias.

Visto el percal, resulta que el problema no debía ser que la libertad no apareciese en la pancarta, sino que el Gobierno tuviese la libertad de complacer a la oposición. Y es que, el juego se termina cuando alguna de las partes hace lo que tiene que hacer, algo que algunos ya olvidábamos.

Dejen de hacer el burro, que la política es algo muy serio, y los muertos por el pasotismo político aún más. El período electoral terminó hace tiempo y se sigue haciendo partidismo continuamente, de parte y parte. Los 'populares' siguen viendo en Zapatero al candidato del PSOE, cuando realmente es el Presidente del Gobierno. Presidente de comunistas, falangistas, populares, socialistas y anarquistas. Y también el Gobierno carece en ocasiones de rectitud y diplomacia, arremetiendo contra la oposición como si fuese la respuesta a un mitin. Basta de terrorismo, pero de los dos: del de las bombas y del de pancarta. Sí a la libertad, pero de las dos: la de calle y la de la clase política. Cuesta trabajo que el mundo hoy día comulgue con pan, para que lo haga con ruedas de molino.

A ver si empezamos a ser demócratas